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Mensajes confusos 2

Los mensajes confusos están desde el principio. Como gilas que somos nos creemos la supuesta conexión con nuestro nuevo hombre, que estamos en sintonía, que compartimos un montón de cosas y qué sé yo cuantas miles de boludeces más que en ese momento parecen importantes, pero nada que ver.
Entonces se conocen, empezás a frecuentarlo, se ven una vez, dos veces… todavía no pasó nada, no querés que se crea cualquier cosa. A la 5ta. cita llega el momento: salen a la noche, te mira fijo y te da un beso, y vos en tu cabeza estás bailando como John Travolta, haciendo el pasito de la caminata lunar, feliz porque sos una grosa que se levantó a EL FLACO, que está re bueno, es re divino, es re todo…. Conseguiste ¡EL HUESO!
Las salidas continúan, vos feliz, y de repente, no te responde un mensaje, no querés ser pesada y esperás al día siguiente… nada. Le mandás otro… nada. Te pasás el día frente a la compu a ver si lo enganchás en el msn… nada (síntoma de que algo raro pasa). Al otro día te responde el mensaje: “uh, disculpá, me colgué” (algo está fallando). Vos, como la buena gila que sos lo pasás por alto e incitás a un nuevo encuentro: te dice que está complicado, te patea la salida (continúa la falla). Finalmente arreglás, llega la noche, vos estás divina, re chocha de que vas a salir con EL HUESO; con suerte pasa algo. Llegás y te saluda con un beso en la mejilla… balde de agua helada, patadas voladoras de 40 chinos en el esternón, coro de negros evangelistas cantándote “que boluda que sos”, porristas pidiéndote que le des las letras que forman la palabra “B-O-L-U-D-A”, todo… todo para que te enteres lo boluda que sos. Con toda la actitud seguís como si nada, se sientan, piden una cerveza, y con su mejor cara de nada te dice: “mirá, está todo bien con vos, me caés re bien, pero no quiero que te enganches, no sé como decirte esto, pero… conocí a una chica y parece que va en serio… bah, es mi boleto a Europa” (Ídem sentimiento de ser una boluda).
Estás re caliente, enojada, indignada, no sabés por donde empezar, si puterlo, levantarte e irte. Estás por explotar, pero te centrás y con tu tono zen le decís: “todo bien, no me estaba enganchando… no sé qué decirte… ojalá puedas irte a Europa, digo, que seas feliz”, hacés fondo blanco y cambiás de tema como si simplemente hubieran estado hablando del clima.
Lo odiás, odiás a todos los hombres, te odiás por haberle dado bola, por perder tiempo con él, por haber perdido tiempo depilándote, por todo. Y te indignás, te indignás tanto que terminás haciendo un blog con tus amigas para que los hombres no hagan más estas forradas y las mujeres se den cuenta a tiempo de que están saliendo con un forro al cuadrado.

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