Es lo que hay...

Antes de seguir con las locas historias de “noteregales” (we love youu!!) quisiera hacer un paréntesis.
Revolviendo los cajones de mi mente se me vinieron imágenes de huesos que me he cruzado en mi vida. No muchos, para qué exagerar… pero de una calidad como no hay igual.
Debo ser yo, seguramente, la boluda que los elijo sin ningún criterio (no está en discusión mi capacidad intelectual). Chicas, nunca dejen que eso les suceda: si un flaco no llena la lista de requisitos que necesitamos para darle bola mínimamente, a otra cosa mariposa. Porque si no después pasa que todas nuestras pretensiones de buena onda son malinterpretadas, pisoteadas y destruidas (se me viene a la cabeza la imagen de una maestra mala de primaria que rompía las hojas del cuaderno en nuestra cara cuando nos equivocábamos, así es como creo que nuestras expectativas se arrugan en un segundo… y nuestra respectiva expresión de: ¡tragame tieraa!). Y claramente, las que terminamos siendo histéricas y mala onda somos nosotras.
¿Por qué sucede esto? ¿Somos tan boludas? Si lo pienso en frío, yo diría que sí… pero que no se me malinterprete… para algo está este blog… para ayudar a que no pasen más estas cosas… y para que estemos bien atentas. Para que desde el comienzo la comunicación femenina-masculina lleve a algo productivo y no a un: “cuchurrumín, como te adoro, cuando estoy con vos siento que floto por nubes de algodón” (luego de solo un mes de estar saliendo) o a un “no te respondo mensajes y no te hablo por msn, así no te enganchas”.
No, Señoras y Señores, no!! Estas cosas no se hacen!!
Pero, por supuesto, seguirán pasando, si hacen lo que yo cuando joven… en mis años mozos. Por eso digo, el criterio es la cuna del bienestar huesístico. Se los ejemplifico:
Te llama un huesito pa’ roer que anda por ahí rondando la zona (hace dos semanas que no te llamaba, por eso mismo del “no te enganches”). No te gusta tanto, en realidad, porque se te ha cruzado otro que parece ser más interesante. Lo empezás a bicicletear, no tenés ganas de verlo, hasta que te decís: este chico, se merece la verdad, ¿por qué andar con vueltas? Si la onda es que no seamos “caretas”… Entonces le decís amablemente y lo mejor posible que está todo bien, pero que estás intentando algo con otro (exagerás un poco, pero bueh…). El chabón se indigna… como si tuviera derecho alguno… y te bardea. Vos no entendés por qué… pero bueno, sos una DAMA y le seguís respondiendo lo mejor posible hasta que del otro lado del teléfono llega el mejor argumento nunca dado antes en la historia de la humanidad: “¿Pero quién te crees que sos, Claudia Schiffer?”.
Vos ahí lo comprendés todo. Le pedís disculpas por haberle mentido, en realidad sí que lo querés ver, todos los días hasta que mueras. Esa noche se encuentran, porque él finalmente tuvo la bondad de perdonarte. Y nunca más se separan. Se casan, tienen hijos. Él se vuelve un marido golpeador. Pero no te importa, porque sos taaan feliz con él desde que te hizo comprender con esa frase el SENTIDO de la vida.
GRACIAS.



*esta es una historia verídica, aunque ustedes juzgarán cuándo el discurso se vuelve absurdo. No quisiera condicionarlos. Pero tengan en cuenta eso: si desde el vamos no hay criterio… a bancarse lo que viene. Una no se espera nunca el ataque sin sentido del otro lado, pero después meditándolo mejor, una se dice: “y… si… qué se podía esperar...”. ¡Que caigan las vendas y a estar más despiertas desde el comienzo! ¡Arriba la intelectualidad huesística!


Minujin, Marta

4 comentarios:

Manjula dijo...

AAAAAAAAHJAJAJAA qué buena historia!! Me había olvidado de ella! Y el final es GENIAL...excelente. Te felicito, sos la peora electora de huesos de la historia.....jajaj

Lita de lasari dijo...

Coincido con manjula! Cada hueso ha pasado por ahi q mamadera!!
Pero bueh... todas tropezamos con algun hueso indeseado.
Muy bueno Martita! Por qué se volvió golpeador???? tanto? jejeje

Buen Hueso dijo...

Este post sería muy comentado si lo publicáramos ahora que tenemos como diez lectores, ajaja.. no merece sólo dos comentarios, fuck.

Minujín, Marta dijo...

ay... gracias... recién hoy veo este comentario...

jajaja

es una gran historia, hay que decirlo,... pero nada como vivirla.

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