Para no perder la costumbre, en esta ocasión me voy a dedicar a contar un pequeña historia que recolecté el otro día de un muchachito, que pobre... no sabía con quien estaba hablando. Sin embargo, quiero advertir que dicha historia no es más que el punta pie para seguir y reforzar hoy más que nunca nuestra campaña "un Hueso para hacer cucharita en el invierno".
La historia trata de un barman altamente partible (es groso tener a un barman de Hueso, anoten, pero traten de que no sea tan gil) que un día entre botellas, trabajo y lujuria la vio. Ella bailaba al ritmo de la música y sedienta se acercó hasta el barman que hechizado no pudo más que caer en su telaraña.
El ingenuo barman de ser un rompecorazones pasó a ser un niño enamorado moviendose según los encantos de su amada. Así pasó el tiempo, un mes, dos meses... tres a duras penas y finalmente al cuarto mes ella le dijo "no siento lo mismo que sentía antes, es mejor que terminemos acá". Nuestro héroe quedó destrozado, desahuciado; era la primera que se enamoraba y así viene a terminar.
Ante tal rechazo él, desolado, le pide por favor que por un tiempo no se pareciera en su lugar de trabajo porque le iba a hacer mal verla. Por supuesto, ella, tan comprensiva, al fin de semana siguiente se aparece en el bar.
Quiero, aquí, en este preciso instante, alejarme del lugar de mujer que se me dio y tratar de explicar lo más humanamente posible este hecho: las mujeres son conchudas por naturaleza, no intenten entender, razonar o justificar cualquiera de estos actos. Las mujeres lo hacen y punto. ¿Qué está mal? Claro que si, pero lo hacen. Es como pedirle a un hombre que no quiera cogerse a su cuñada, está en su código genético, lo hacen.
Volvamos: pese a los pedidos de nuestro pobre barman la chica siguió yendo al bar, hasta que una buena noche, mirándolo a los ojos se apretó a un flaco que andaba por ahí. Mis queridos lectores... ¡la que se armó en el bar!... el pobre flaquito-perejil salió corriendo del bar al grito de "yo no sabía nada, yo no sabía nada" y la conchuchica fue escoltada por el hombre de seguridad hasta la salida. Es el día de hoy que sigue intentado entrar y es LA ÚNICA persona en el mundo que tiene prohibida la entrada en ese bar.
¿Qué aprendimos? Por un lado que las minas son conchudas. Por otro, sabé que si sos de esa calaña no te conviene levantarte al barman del bar/boliche que frecuentás. Aprendimos que los barman's (o barmen siguiendo la lógica del idioma) también tienen sentimientos y no son sólo una cara bonita. Aprendimos que los hombres siguen pecando de inocentes, algunos, no todos, muchos ya se avivaron para desgracia nuestra.
Moraleja: No se levanten a alguien que después te lo vas a cruzar inevitablemente, sean pillos/as y abran la cancha. El Hueso para hacer cucharita en el invierno tiene que aparecer sólo cuando se lo llama, no tiene porque caer en el medio de una noche entre amigos.
Les deseo suerte a todos en su búsqueda
Ha dicho, Regina Falange
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