Debido al éxito desmedido de mi último post dedicado al mundo de la gente bien, hoy he venido a despacharme en contra del hueso rugbier.
En principio existe una dicotomía que puede llevar a la confusión a la hora de aventurarnos: están buenísimos y son boludísimos a la vez. Es muy personal elegir lo que cada una quiere, si prioriza los abs marcados o el hilvane de 3 o 4 palabras medio difíciles en una misma oración. Quizás existe alguna razón puramente biológica, alguna teoría de la evolución que nos dice que en un mismo cuerpo humano no pueden convivir los músculos desarrollados y una inteligencia no muy zarpada. Buscando el Google, todavía no la encontré, pero estoy segura de que debe decirlo en algún lado.
(Para ejemplificar mejor, podemos incluir a los chicos de PREVENCIÓN, también conocidos como PATOVICAS, como fenómenos del brain-less.)
Como consecuencia de su limitada inteligencia, el rugbier maneja un vocabulario más que característico. La inutilización (por falta de conocimiento) de sinónimos hace que la manera de hablar sea básica, pero fácil de entender, lo que hizo mi trabajo de campo mucho más liviano. En charla de amigos debaten temas como: el stade francés, la patada de Juani Hernández, la última fiesta de Hurling, lash minitash y el Fernet (porque es tan mejor el Branca que el Vittone). Mientras charlan, es muy común que se caguen-literalmente-a trompadas. Topetazo va, takcle viene, pueden llegar a hacerse mierda entre ellos solo en joda. Encubiertamente, cada piña equivale a demostrar cuanto fuerza pueden desarrollar sus bíceps y el más fuerte se alza con la corona de “nosemetanconJuaniqueesunabestia”. Ser una beeestia es el summun del placer, de esa manera miden su status dentro del grupo. Cuanto más grandote, alto y espaldón, mayor el respeto que lo demás le predican (y menor el tamaño del pito, eso lo opino yo).
Calculo, y casi afirmo, que cualquier persona que esté leyendo este post sabrá identificar al rugbier sea el contexto que fuere. Como se dijo en publicaciones anteriores, el outfit es una de las patas que sostiene la mesa del buen hueso. El otro entra primero por los ojos y esta es un área en la que el grandote sale aireoso. Siempre prolijo y de buen olor (98% de probabilidad de que usen Polo Black), si siente a gusto en su uniforme que lo unifica con sus pares y lo resalta del montón ante el sexo femenino. Si bien hay clásicos lugares en donde se pueden encontrar muchos especímenes en manada, creo que si paran a uno en medio de una cancha de futbol entre 2 millones y medio de personas, será un juego de niños divisar el pantalón Legacy y la camisa Polo abierta hasta el 3er botón.
Llamar la atención es práctica común, sobre todo a la hora de salir a bailar. Como aseguraba aquella publicidad de Coffler, los rugbiers salen de a 15. Resalta muy fácil un grupo de 15 monos enormes, 15 pantalones caqui y 15 nombres bien. Según una investigación de mi autoría, un club de rugby es donde más densidad de nombres Ignacio, Juan Cruz y Lucas se ha encontrado en todo el MerCoSur. Si te llamás Walter, tomatelas o oficiá de puchinbol porque no dás.
Volviendo al tema del vocabulario, el rugbier tiene palabras fetiche que utiliza habitualmente y el cualquier momento. Cada frase es terminada por un man, empezada por un nada y mezclada con un queseyo. Entonces, si vos le preguntas a un Juan Cruz Fernandez Vivot “como te fue en las vacaciones”, él contestará:
“Nada todoien. Fuimos con los pibesh a Pina y nada, había un montón de minitas que estaban re buenas, nos encaramos a todas. Nos cagamos de la risa. Nos pusimos reenpedo no entendíamos nada, queseyo, podrías venirte el próximo verano, está bueníshimo man!”
Por ultimo, se reconoce mundialmente que por cada rugbier, hay al lado, una chica de familia bien que es su novia. Pueden provenir de la división de hockey del mismo club en que juega el muchacho, o ser del mismo colegio. Se pasean juntos por Sahn Ishidro, se postulan como la pareja del año ante sus padres y conocidos, van a misa los domingos (obligación ser católico para ser bien), pero lo que no sabe es que, cuando el boludón sale con los piesh, es la más cornuda de la comarca. Ella sin saberlo, dibuja sobre una hoja blanca su nombre y lo rodea con corazones. Mientras, él esta bolicheando y chapándose a cuanto perrita desesperada pueda.
Ahora no voy a dar más detalles de este otro cáncer de la sociedad, lo dejo para otra edición de “Tipos de huesos que podes encontrarte en la vida”
Un beso para todos!
A
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