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A Otro Perro Con Ese Hueso


De a poquito, con el pasar de los días, los meses de vida de este blog, las historias y confesiones de los lectores y también de los que tenemos el honor de escribir en el Manual del Buen Hueso, de a poquito, reitero, muy de a poquito, nos vamos todos sincerando.
Creo que ésta es mi primera historia personal. Debo reconocer que no he sido perra de huesos roer. Pero sí he tenido uno. Uno que lo supera todo. El típico hueso “vendehumo”, como se diría en el fútbol. Ése que te pinta el mundo de color de rosa. Y termina siendo una cala, con el perdón que las flores de los muertos me merecen.
Dicen que veinte años no es nada. ¿Qué son trece, entonces? Por esa edad conocí a quien iba a transitar por mi vida hasta los diecisiete.
El único pequeño percance: vivía en otro país. Hueso a la distancia, será que le llaman. Pero no, esa pobre niña, que nunca había sido besada siquiera, estaba convencida de que eso era amor ¿Huesos? No le hablen de huesos a una pequeña ilusa de trece años. No en aquellas épocas, al menos.
Después de un mes de semi-noviazgo, cuando hubo que separarse, él le prometió llamarla, recordarla, escribirle, amarla…Ella le creyó. Él no hizo nada de eso. Meses más tarde, alegó haber perdido su teléfono. Ella le creyó.
Un día, él desapareció y en el pueblo se comentó que se había ido con las gurisas. Él le dijo que Valeria era una mentirosa, envidiosa y mala gente. Ella le creyó.
Un año y medio después, sin haberse siquiera comunicado durante meses o quizás más de un año, ella volvió al pueblo de él. Él fue a hablar con la madre de ella, le dijo que su hija era el amor de su vida y que su sueño era casarse con ella. La madre no le creyó. Ella sí le creyó. Días después, ella lo encontró chamuyando dos minitas en el boliche. Él le dijo que eran amigas. Ella le creyó. Un poco más tarde, él se transó a la amiga de ella. Él dijo que era mentira. Ella le creyó.
Un año más tarde, él apareció en la Fiesta de Egresados de ella. Había viajado muchos kilómetros y esto era claramente una prueba de amor. Ella le creyó.
Él le dijo que quería que “fuera suya”, después de cuatro años sin poder intimar por fin con ella. Le dijo que no le iba a doler. Ella no le creyó. Le dijo que estaba indispuesta. Y él, pobre iluso…él le creyó.
Y así, un día, de un momento para el otro, ella ya no le creyó. Así, un día lo miró a los ojos y notó que ya no lo quería. Reconoció los cuatro años de adolescencia desperdiciados en alguien que no debería haber sido considerado más que un hueso. Un hueso de verano. Ella se dio cuenta de que merecía algo mucho mejor. Y se abrió al mercado más allá de su hueso foráneo.

Y así, mágicamente, días más tarde, ella encontró al amor de su vida.
A él sí le creyó que no le iba a doler.
Manjula
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*Post dedicado a la Asamblea que mantiene cortado el Puente Gral. San Martín, que une Gualeguaychú con Fray Bentos..¿por qué no lo cortaron cuando tenía trece?


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