Esta vez voy a hacer un poco de catarsis. Esta vez no estoy segura de reflejar lo que nos pasa a muchas, sé que a mi me pasa seguido y espero no ser la única (tengo cara de desesperación, apóyenme).
Me pasa que no soy de las que se enganchan fácilmente, soy de las que huyen, las que le tienen pánico al compromiso, a andar de la mano, a ir al cine y cenar juntos, pavor a los “vení a casa que esta noche cocino yo”. Soy de las que prefieren comer helado mientras pasan por decima novena vez la maratón de “Friends” antes que estar con un chico que no me interesa. Soy de esas. Soy de esas que prefiere estar sola antes que mal acompañada, y con el tiempo me he vuelto cada vez más exquisita por no decir hincha pelotas y como muchas, tengo un target, del cual, la mayoría, digamos… no da con el perfil.
Pero a veces me pasa que salgo de lo que soy, y obviamente después me arrepiento, me arrepiento y me quiero dar la cabeza contra la pared. Ser amiga del helado es riquísimo, pero con el tiempo se torna reiterativo, solitario y una, que efectivamente está hecha de carne y hueso, necesita más que un poco de agua con sabor congelada (fan número uno del helado de pomelo, altamente recomendable).
Como soy de carne y con bastantes defectos a veces me zafo del target y obviamente más tarde me arrepiento. No soy de las que se enganchan, no soy de las que ven potenciales maridos en cualquier hombre, no soy de las que van de la mano por la calle, y parece ser que el chico del sábado a la noche si, y ahí es cuando me pongo a averiguar precios para lobotomías.
Una vez más hago lo que me digo y me repito que no voy a hacer más: de este target no bajo.
Y llega el fin de semana, y vos estás sola, desolada, no hay miras de ningún Hueso a kilómetros a la redonda y caés en las garras de ese chico, ese chico que no te gusta, pero que es el único que te dice que sos hermosa y le pone voluntad en querer darte un beso. Hay alguien en el mundo que quiere darte un beso. No da con el perfil ni en pedo, pero a esas horas de la noche vos estás más allá del bien y del mal por demasiados factores que afectan el uso del razonamiento crítico y caés en las garras de ese pibe que dijiste una y mil veces que no le ibas a dar bola porque no te interesa en lo más mínimo y no querés dar falsas expectativas. Y de momento a otro te vez envuelta en unos brazos en donde no querés estar preguntándote cómo carajo vas a hacer para enmendar este desastre:
Opción A: me la como por forra y termino invitando a todos los lectores de este blog a lo que probablemente sea un casamiento católico con un hombre que no hace otra cosa que agarrarme de la mano.
Opción B: me hago cargo de mi moco y aclaro que en realidad fue un error.
Acá viene el gran problema gran: ¿Cómo le decís a un chico/a que en realidad no es nada contra él/ella pero fue un error y es mejor dejar todo como estaba? La respuesta no la sé, les digo, todos mis intentos han tenido resultados deplorables, o bien siguen insistiendo porque no me hice entender con claridad, o me terminan odiando y puteando, eligen no creerme porque creen que en realidad me hago desear (¿?), o simplemente siguen insistiendo porque saben que no cumplo lo que prometo y esperan que cometa en mismo error dos veces (lo he hecho, debo confesar).
Y el lunes me veo pidiendo helado por teléfono (pomelo, chocolate con almendras y tramontana) mientras miro la quinta temporada de “Friends” confirmando que el deseo para este fin de año va a ser una lobotomía.
Regina Falange

Me pasa que no soy de las que se enganchan fácilmente, soy de las que huyen, las que le tienen pánico al compromiso, a andar de la mano, a ir al cine y cenar juntos, pavor a los “vení a casa que esta noche cocino yo”. Soy de las que prefieren comer helado mientras pasan por decima novena vez la maratón de “Friends” antes que estar con un chico que no me interesa. Soy de esas. Soy de esas que prefiere estar sola antes que mal acompañada, y con el tiempo me he vuelto cada vez más exquisita por no decir hincha pelotas y como muchas, tengo un target, del cual, la mayoría, digamos… no da con el perfil.
Pero a veces me pasa que salgo de lo que soy, y obviamente después me arrepiento, me arrepiento y me quiero dar la cabeza contra la pared. Ser amiga del helado es riquísimo, pero con el tiempo se torna reiterativo, solitario y una, que efectivamente está hecha de carne y hueso, necesita más que un poco de agua con sabor congelada (fan número uno del helado de pomelo, altamente recomendable).
Como soy de carne y con bastantes defectos a veces me zafo del target y obviamente más tarde me arrepiento. No soy de las que se enganchan, no soy de las que ven potenciales maridos en cualquier hombre, no soy de las que van de la mano por la calle, y parece ser que el chico del sábado a la noche si, y ahí es cuando me pongo a averiguar precios para lobotomías.
Una vez más hago lo que me digo y me repito que no voy a hacer más: de este target no bajo.
Y llega el fin de semana, y vos estás sola, desolada, no hay miras de ningún Hueso a kilómetros a la redonda y caés en las garras de ese chico, ese chico que no te gusta, pero que es el único que te dice que sos hermosa y le pone voluntad en querer darte un beso. Hay alguien en el mundo que quiere darte un beso. No da con el perfil ni en pedo, pero a esas horas de la noche vos estás más allá del bien y del mal por demasiados factores que afectan el uso del razonamiento crítico y caés en las garras de ese pibe que dijiste una y mil veces que no le ibas a dar bola porque no te interesa en lo más mínimo y no querés dar falsas expectativas. Y de momento a otro te vez envuelta en unos brazos en donde no querés estar preguntándote cómo carajo vas a hacer para enmendar este desastre:
Opción A: me la como por forra y termino invitando a todos los lectores de este blog a lo que probablemente sea un casamiento católico con un hombre que no hace otra cosa que agarrarme de la mano.
Opción B: me hago cargo de mi moco y aclaro que en realidad fue un error.
Acá viene el gran problema gran: ¿Cómo le decís a un chico/a que en realidad no es nada contra él/ella pero fue un error y es mejor dejar todo como estaba? La respuesta no la sé, les digo, todos mis intentos han tenido resultados deplorables, o bien siguen insistiendo porque no me hice entender con claridad, o me terminan odiando y puteando, eligen no creerme porque creen que en realidad me hago desear (¿?), o simplemente siguen insistiendo porque saben que no cumplo lo que prometo y esperan que cometa en mismo error dos veces (lo he hecho, debo confesar).
Y el lunes me veo pidiendo helado por teléfono (pomelo, chocolate con almendras y tramontana) mientras miro la quinta temporada de “Friends” confirmando que el deseo para este fin de año va a ser una lobotomía.
Regina Falange
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