Es una verdad universal, ya tratada en otros posts, que oportunidades para vengarnos del mal hueso con la peor mala leche de la historia universal de los huesos se presentan a cuenta gotas. Pero el lado positivo de esto, es que se presentan, finalmente. Solo hay que tener la paciencia de un guardia real inglés, pero mantener centrada la mente cuando se presenta el momento.
Y no hablo de las oportunidades que tiramos por la borda cada vez que caemos de nuevo, dándole cabida a aquel muchacho que tanto mandamos al demonio. No, no, a no confundir. En este caso estoy hablando de la bien sabrosa VENDETTA con todas las letras. La que nos llena y nos llenará de malvada satisfacción y orgullo, la que nos eleva y elevará el autoestima a niveles inimaginados hasta ahora.
Sí, señores, alguna vez he logrado “vengarme” de noteregales (nuestro querido mal hueso por excelencia). Tal vez llamarlo venganza roza lo exagerado, pero, les soy sincera, no me importa. No puedo negar que en ese momento y por un rato, mi pecho se sintió rebozante de malicia, con ganas de devolver aquello que me fue dado sin previa autorización de mi parte. Pero, en realidad casi me es imposible física y espiritualmente poder lograr tal cometido y en ese momento me di cuenta. De la forma que le respondiera no iba a alcanzar ni a la mitad de la mala onda que tuvo injustificadamente.
Pero no importaba, en esa noche, solo era feliz por ignorarlo, por lograr ignorarlo y si le respondía era solo con frases poco felices y cortantes. Ni una sonrisa, para no darle la tranquilidad de conciencia que por ahí buscaba: el famoso “si quisiera, a esta me la garcho de nuevo”. Pero no señores, ni una señal de buena onda salió de mi temple. Y cuando ya empezaba “gomosamente” a querer charlar con comentarios del estilo: “me siento al lado tuyo” (yo no sé por qué llega un momento que los que pretenden levantarse a alguien –sea hombre o mujer- empiezan a anunciar sus acciones), “¿por qué no bailás?, ¡si bailás re-bien!”, “carne o pollo, ensalada rusa o mixta”, etc., yo dignamente le hice un gesto de afirmación con la cabeza, con la sonrisa más falsa que me salió, me di media vuelta y me retiré… con la frente en alto…
Sí, esas ocasiones existen y se presentan. En algunos momentos nos volvemos lo suficientemente fuertes para no caer y para comprender que nuestro ex hueso es simple y llanamente un banana.
Retirémosle la palabra.
Minujin, Marta
*dedicado a los huesos fieles que día a día luchan por ser mejores en este mundo en crisis.
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